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Cartel Yo no soy un Andy Warhol 04-09-2006

Yo no soy un Andy Warhol

En "Yo no soy un Andy Warhol" vemos al rey de la fiesta, al dj en torno al que giran el sexo, las drogas y el rock’n roll. Warhol es ese payaso con peluquín que dice frases epatantes y es el mercachifle que canta las bondades de la economía de mercado. Pero Warhol al venderse nos dice que todos somos productos de consumo y, al reírse de la trascendencia, nos descubre la belleza de lo frívolo.

Al vernos en su espejo multiplicativo descubrimos que, como todo gran artista, el tuvo claro hacia qué mundo absurdo nos dirigíamos; y en este caso lo retrató entregándose al modelo. Supo de la voracidad a la que nos enfrentábamos y se dejó devorar satisfecho cantando en las fauces del consumismo.

Para nosotros el mundo de Warhol es en parte el de nuestros felices ochenta, el descubrimiento de la movida y la democracia y la tolerancia y el desmadre y la juerga casi casi continua. Es que cuando Warhol triunfa en New York en este país todavía no sabemos que es un gay ni un mcdonalds ni un tripi ni mucho menos que puede ser una cultura que se agrupa en torno a la palabra pop.

Para enfrentarnos a su reconstrucción nos hemos dejado llevar por sus consejos: Poca metafísica, mucho barullo, algo de sorpresa, nada sesudo y, ante todo, un dejarse llevar, un pasárselo bien, un disfrutar del momento hasta dejar el cadáver bien, bien bonito.


De fiesta en La Factoría


“Yo no soy un Andy Warhol” recrea la trayectoria vital y artística del más célebre de los artistas Pop. Polifacético y multidisciplinar, Andy Warhol no sólo revolucionó la estética de lo pictórico sino que, rodeado de una pléyade de colaboradores, resituó la forma, el contenido y el mercado del hecho artístico. Profeta de la sociedad de consumo que se nos venía encima, Warhol sedujo y se dejó seducir por un mundo trivial, hedonista e irónico donde el ser humano desaparece bajo la marca y el acto individual, bajo la determinación social del icono. Si una imagen se asocia con Andy Warhol como artista es la de una fiesta loca, glamourosa e interminable llena de todo tipo de personajes famosos y/o extravagantes. Dalí, Basquiat, Liz Taylor, Liza Minelli, la Velvet Underground, los Rolling Stones… casi todo el mundo pasaba antes o después por delante de su peluquín canoso y su pose de pensador mudo. Este gran tímido, este ser cerrado y siempre temeroso de los acercamientos personales hizo, al mismo tiempo, del evento social su medio natural de aproximación y promoción del arte.

Hizo también del colectivo una forma natural de producción artística. Siempre rodeado de gente a la que contrataba y/o con la que colaboraba supo hacer de su nombre una marca registrada, un sello que poner a productos culturales de lo más dispares (arte gráfico, revistas, películas, grupos de rock, etc, etc, etc). Una vez que acabó de diseñarse a si mismo como artista y showman, decidió diseñar una empresa en torno a su nombre (la Factory) para abarcar tantos campos como le fuera posible y, aunque nunca llegó a producir su soñado programa de televisión, consiguió ser respetado en ámbitos muy distintos y que nunca se distinguiera dónde empezaba su intervención directa y dónde estaban las de sus colaboradores-empleados-amigos.

Yo no soy un Andy Warhol recoge ambos espíritus: se organiza como una fiesta delirante y hace de la Factory el ámbito natural en el que se desarrollan las múltiples personalidades de Andy Warhol. En el espectáculo todos son de una u otra manera Andy Warhol y todos colaboran en la creación del show. La música en directo, las proyecciones audiovisuales, la iluminación no convencional…, todos los elementos buscan situar al espectador en una posición diferente, queremos despertarle a la sorpresa y al shock.





El humor, la provocación y el delirio surrealista se suceden en un viaje más onírico que biográfico, más compuesto que real. No es un espectáculo tramado sobre la progresión dramática o la regla de las tres unidades. . Es un recorrido, construido sobre la libre asociación de imágenes y pensamientos, que nos conduce a la desmitificación del arte, a la deconstrucción del ser humano y a la burla social. Después de todo Andy Warhol no deja de ser ese extraño gurú que disecciona la sociedad contemporánea y nos canta a la cara las virtudes y miserias del placer hedonista, del poder del dinero, del consumismo compulsivo.

Y como el dijo alguna vez: “El dinero es el dinero. No importa si he trabajado duro o no para obtenerlo. Lo gasto igual. El dinero es el momento. El dinero es mi estado de ánimo.” En fin, levantamos el telón, abrimos los ojos y que ustedes lo pasen bien.



“Tan pronto como dejas de querer algo, lo consigues.
He descubierto que esto es algo absolutamente axiomático.”
Andy Warhol




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Sinopsis

Hoy inicio un nuevo diario.
Este diario no lo escribo yo.
Como todos mis diarios.
Este diario no lo dicto yo.
Estas palabras no son mis palabras.
Éste no es mi nuevo diario.
Yo no soy Andy Warhol.
Y, sin embargo, soy Andy Warhol.
Yo no soy un Andy Warhol.
Y, sin embargo, no puedo dejar de ser un Andy Warhol.
Nunca he sido yo.
Andy Warhol nunca ha sido Andy Warhol.
En todo caso es alguien que se le parecía.
Un retrato, una copia del original, un bosquejo, un ensayo.
El intento de ser sin ser.
La imagen duplicada.
El artista sin firma o el artista es la firma.
Y estas no son mis palabras.
Ni este es mi diario.
Estos son los diarios apócrifos, diarios apócrifos, apócrifos diarios de Andy Warhol.


Distribuidora
  • Paula Paz
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