El próximo 30 de abril tendrá lugar en el Teatro Circo Price de la capital madrileña la Gala de entrega de la 15ª edición de los Premios Max y, una vez más y ya van 5, Teatro del Temple optará al Premio al Mejor Espectáculo Revelación por su puesta en escena de "Don Juan Tenorio" de Zorrilla. Teatro del Temple ha optado como finalista a estos galardones por sus espectáculos "Buñuel, Lorca y Dalí" en el 2001, lo consiguió por "Picasso adora la Maar" en el 2003, volvió a concurrir con "Sonetos de amor y otros delirios" 2007 y con "Luces de Bohemia" en el 2009. Esperamos que en esta ocasión pueda conseguirse un segundo Max, pero el hecho de estar nominado es ya todo un reconocimiento.
Después de estrenar el espectáculo en el Teatro Principal de Zaragoza, donde lo vieron 3500 espectadores, y de acudir a las ferias Scena del País Vasco y Maem'11 de Aragón el espectáculo de Teatro del Temple sobre el clásico de Zorrilla se ha visto ya en Jaca, Pamplona, Alcalá de Hemares, La Puebla de Alfindén, Graus, Valencia y Huesca.
La idea de este Don Juan Tenorio es ubicarlo en nuestro país a finales de los años 70, un marco histórico cercano donde se puede entender que alguien manifieste así su rebeldía frente a un mundo caduco y opresor . Ese marco temporal supone entre otras muchas cosas darle un enfoque más psicológico a los parlamentos de los personajes y hacer que el verso de Zorrilla no se traslade al espectador con el ritmo habitual sino atendiendo a la intencionalidad de la frase. El vestuario, la caracterización, el espacio sonoro, las luces... parten de elementos de esa época de cambios sociales fundamentales en nuestra sociedad que fueron los 70. Partimos de esa ubicación temporal para tratar de acercarlo a nuestra sensibilidad contemporánea.
La puesta en escena conlleva una relectura para el público. Por ello y porque es también un sello de nuestra manera de hacer, la propuesta escenográfica es esencial y trata de mostrar todos los espacios con pocos elementos: tres “marcos-puerta” son el recurso a través del cual se articula la acción y las distintas ubicaciones del drama.
La interpretación se acerca al realismo pero sin dejarse llevar por él. Los movimientos actorales son contenidos, los actores se mantienen desnudos en el espacio para no renunciar al fatum trágico y atemporal que conlleva un clásico como éste. La segunda parte es aún más esencial en esta idea de enfrentar a Don Juan con sus fantasmas. Fantasmas que no son sobrenaturales sino que nacen de la propia mente dislocada por el dolor y el paso del tiempo.
En definitiva hemos afrontado Don Juan Tenorio con el objetivo de hacer del espectáculo algo vivo, vibrante, para que el público vuelva a apreciar sus cualidades literarias, pero viva sorprendido de otra forma la intensidad de sus peripecias.